Se hace el harakiri por error intentando resolver un sudoku


“Lo mío no son los idiomas”, admite el afectado

Al extremeño Romualdo Sincero se le presentaba una plácida mañana por delante. Era lunes y estaba al sol, porque hacía poco que su empresa había cerrado, así que se disponía a tomar un café en el bar de su pueblo y a echarle una ojeadita al periódico mientras apuraba un pitillo. “Hombre de gustos sencillos”, corrobora su esposa, Sencilla Lafuente. Todo habría marchado bien si no fuera porque, al llegar a las últimas páginas, se tropezó con el sudoku y se dijo a sí mismo: “Bueno, me han despedido. Vida nueva. Se acabó eso de hacer las siete diferencias y vamos a intentar esto por primera vez”. No era descabellada la idea, pues, en realidad, de las siete diferencias nunca había logrado encontrar más de cinco y, por otra parte, en el colegio “siempre se le dieron bien los números”, asegura quien fuera su maestra en la infancia, doña Sencilla Lacalle, que en estos momentos pasaba por allí.

Ni corto ni perezoso, Romualdo pidió un bolígrafo prestado al camarero, hombre que siempre habla con frases hechas y que se lo entregó diciéndole “¡Es de huerva!”. Romualdo leyó las instrucciones del pasatiempo, le quitó el capuchón al bic cristal, que escribe normal, sacó un poco la lengua mordisqueándola para pensar mejor, y se puso a la tarea.

Hasta aquí los hechos conocidos. El protagonista quedó solo unos minutos, porque el camarero había vuelto al interior del bar y el otro cliente que había en la terraza se había levantado “para cambiarle el agua al canario”. Cuando este cliente volvió del excusado, se encontró con Romualdo tirado en el suelo y sangrando abundantemente por la zona abdominal, es decir, por la barriga. Tenía el bic cristal incrustado en la misma. Ahora la Guardia Civil está investigando el asunto. Aunque hay varias líneas de investigación, la principal apunta a que Romualdo se lió con el idioma japonés y, en vez del sudoku, se hizo el harakiri. Preguntado el sargento de la benemérita por más detalles, este respondió que “con toda seguridad, ese cuatro no iba en la segunda fila del primer cuadrante”, tras lo cual nos pide el carnet de identidad y el de prensa y nos traslada al cuartelillo.

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