Encuentra petróleo al explotarse un grano de la cara


“Ahora me quieren expropiar la mejilla”

 

Evarista Paz, de 19 años y natural de Pendoza (México), no se había hecho una limpieza de cutis en los últimos 22 años y es adicta al chocolate con leche, a las tortitas de aceite y a los bollos con mucho azúcar. Todo ello, sumado a una genética particularmente grasienta, había hecho de su cara algo parecido a una mapa orográfico de las tierras altas escocesas. Hasta que un día vio un anuncio en televisión que ordenaba: “Ponte bella”. En ese mismo instante se levantó, no sin esfuerzo, del sofá y fue al cuarto de baño, donde se enjabonó bien la cara y empezó a explotarse granos de pus.

“Llevaría unos veinte minutos explota que te explota”, narra Evarista, “y de vez en cuando tenía que pasarle un trapo al espejo, porque estaba tó cubierto de manchas blancas”. Fue entonces cuando, ya provista de una cierta experiencia en ese juntar puntas de los dedos y apretar, cuando se decidió a enfrentarse al Grano. El Gran Grano que se alzaba orgulloso, desafiante, en pleno centro de la mejilla izquierda, tan alto y gordo que varios clubes de escaladores se habían interesado por él. Evarista apretó y apretó. “Dolía, el jodío”. Y siguió apretando a pesar del sufrimiento hasta que por fin un gran chorro emergió de la cúspide del grano manchando todo el baño de… de negro. “Me quedé estumefacta”, recuerda, liándose un poco por los nervios. “Eso no era pus. Ni el color ni la densidad del líquido se correspondían con aquello a lo que ya me había familiarizado. Llamé a papá y mamá, que vinieron corriendo, y papá, que trabaja en una tienda de nachos dos cuadras más allá de una gasolinera, confirmó que aquello era petróleo. ¡Somos ricos, somos ricos!, gritaba como un poseso. Mamá me abrazó llorando y dijo “por fin esta niña vale pa algo”, pero no se atrevió a besarme, porque entre la pus y el petróleo tenía que dar un poquito de asco”.

Ahora la familia Paz ha dejado atrás el humilde barrio donde vivía y se ha trasladado a un lujoso rancho en las afueras. Pero no todo son alegrías: “Ahora el gobierno quiere expropiarme la mejilla”, se lamenta Evarista. “Y yo no quiero, porque ya le he cogido cariño, sobre todo ahora que me la puedo ver porque me he quitado todos los granos (menos el pozo petrolífero)”. Los abogados de la familia están intentando convencer al gobierno para que se quede con la otra mejilla, pero este, en principio, se niega, aduciendo que México es un estado laico.

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