Masoquista murciano denuncia a su pareja por “buenos tratos”


“Me acariciaba casi todos los días”, solloza

Agamenón y Perdida cuando eran felices

Agamenón Tirado, humilde masoquista murciano de 29 años, se enamoró perdidamente de Perdida Palos la primera vez que esta le dio un bocaíto en el labio inferior. “Eran las primeras aproximaciones, porque aún no nos conocíamos mucho y no habíamos hablado del tema”, aclara. “Yo tampoco estaba seguro de si había sido un bocaíto de verdad de la buena, con intención de hacer daño y sangre, o solo un beso más fuerte de lo normal, un beso rechupao”.

A medida que pasaban los días y la relación avanzaba, iba quedando claro que Tirado y Palos se acoplaban como el machohembrado que se emplea para hacer tarimas flotantes (frase patrocinada por http://www.machohembradoqueseempleaparahacertarimasflotantes.net). Una buena palmada en el culo por aquí, un pellizco retorcido en el pezón izquierdo, un arrancar pelos del sobaco a tirones… Siempre con ella como brazo ejecutor y con él como víctima voluntaria.

“Aluego más tarde nos fuimos a vivir juntos, que se ahorra mucho. Con lo ahorrado pudimos comprar correas, latiguillos, esposas… Nuestra pasión se desbocó”. Y podrían haber sido felices y comido perdices de no ser porque una mañana, de repente, “me desperté sobresaltado”: Perdida le estaba haciendo caricias mientras lo miraba con ojos de cachorrillo de perro de aguas. “Me levanté de un salto y le pregunté que por qué hacía eso. Y, en vez de darme una hostia, me pidió disculpas y me preparó café”.

Fue el inicio del fin. Perdida dejó de decirle “cerdo”, “mierdoso” o “esclavo” y paso a llamarle “cariño”, “gordi”, “churri” y esas cosas babosas que se llaman los enamorados empalagosos. A Agamenón se le empañan los ojos al recordarlo. “No sé qué le pudo pasar”, asegura. “Tal vez fuera influencia de su familia o, peor aún, del canal ese de Divinity. Pero es que ahora se empeñaba en hacerme limpiezas de cutis y manicuras”.

Agamenón, desesperado, expuso su problema en el foro de “Masocas por un mundo más Peor” y siguió los consejos de los amigos que le contestaron: dejó a Perdida, se hizo visitar por el médico forense del juzgado de guardia para certificar que no tenía ni la más leve herida, e interpuso la correspondiente denuncia por buenos tratos.

Ahora todo está en manos de la Justicia y, como esto es España, que les sea leve a todos los implicados.

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